Decoración anti-nostalgia

Rocío E Rocío E
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Nostalgia, Volver, No habrá más penas ni olvido, Caminito, vivir afuera puede ser difícil. Igual no quiere decir que la estés pasando mal, quiere decir que la tierra de origen es como un imán para las partículas de nuestro cuerpo, nada más. Si estás pasando por algo así, silbate un tango, preparate unos mates y leete este libro de ideas, no sin previo alfajor con dulce de leche en mano, obvio.

La nostalgia por el propio país es culpa de que la humanidad se convirtió en sedentaria. Si fuésemos nómades, si la agricultura y la ganadería no hubiesen sido redituables y el negocio no hubiese prosperado; todavía andaríamos como tribus errantes, de acá para allá; y no existirían las palabras desarraigo, éxodo o inmigración, y todos andaríamos por todas partes como panchos por nuestras casas. Pero bueno, el mundo es un pañuelo, un pañuelo inmenso; y por suerte se inventaron aviones y ya casi que esos transatlánticos divididos en clases sociales antagónicas cuyos viajes duraban meses, quedaron obsoletos. A continuación, seis consejos que te servirán para no enroscarte en ese sentimiento tan, tan argentino: la nostalgia.

¡Muuuuuuuucha luz en el dormitorio!

Sí, sí, sí; nada de piezas oscuras al estilo cuarto de pensión, nada de oscuridad si querés evitar la nostalgia. Decorá tu habitación con la mayor cantidad de blanco posible: la cama, las cortinas, las paredes. El piso de madera ta dará calidez y un ventanal que permita el ingreso intempestivo de la luz solar te llenará de vitalidad. 

Para la noche, ubicá una buena lámpara colgante y varios veladores. Prendé todo hasta la hora de dormir. Y para muestra, te ilustramos lo dicho con un dormitorio radiante de Casa Meva.

PD: los estores son ideales para ventanas luminosas anti-nostalgia.

El bidet en la valija

Parece una tontería, pero la nostalgia acecha cuando menos te la esperás y donde menos hace falta. El bidet ha sido adoptado desde hace rato en la tradición del cuarto de baño nacional. Instalá uno en tu baño si el país que te recibe carece de esta costumbre.

¡Vamos! ¡Siempre hay espacio para un bidet! Y aunque los arquitectos, decoradores y fontaneros -plomeros, sí, plomeros- te miren raro, hacé caso omiso y seguí los dictados de tu corazón. Arriba, un baño simple y elegante de Feller Herc Arquitectura.

Aromas reconfortantes

La aromaterapia no es un invento nuestro. Los perfumes y aromas pueden despertar cosas maravillosas en nuestro cuerpo, nuestro espíritu. En este punto, cada quien sabrá qué aromas le hacen bien. Pueden ser las especias y hierbas aromáticas como el romero o la albahaca; puede ser el olor de la carne asada, puede ser el palo santo, el jazmín, la madera.

Podés usar velas aromáticas que, aunque no te remitan a un recuerdo preciso, inunden tu alma de buenos propósitos. Podés usar hornitos para las esencias o directamente los queridos sahumerios. La cuestión es sentirte mejor si aparece esa pálida nostalgia en tu rutina. Muy bellos, por cierto, son los frasquitos artesanales de la Diseñadora Lucía Casanova.

Sabores de la niñez

¿Te acordás, hermano?, dirían por ahí; ¿te acordás de lo que más te gustaba comer en la niñez? Seguramente tenés sabores indelebles de la cocina de tus abuelos o de tus padres. Quizás una ensalada de tomate y lechuga con sal, aceite y vinagre te devuelva a tierra firme; quizás una milanga a la napolitana o unos buenos ravioles con tuco.

Equipá tu cocina con los sabores de la infancia y sentirás que nunca te fuiste. Preparate el café con leche cada mañana, untá tus tostadas con manteca, hacete unos bifes a la plancha al mediodía, preparate un budín de pan, un flan con dulce de leche, un pastel de papas, y la vida te sonreirá siempre, posta.

Te dejamos un enlace por si te decidís a renovar la cocina: Pequeños y grandes detalles para renovar la cocina.

La importancia del sofá

Un sofá, un buen sofá, constituye, de por sí, un espacio terapéutico y renovador. Esta ecuación debe funcionarte estés donde estés; y si bien es difícil que viajes con tu viejo y querido sillón bajo el brazo,  no lo es que consigas un semejante en el país, pueblo o provincia que te albergue. 

Y si antes no tenías sofá, ahora es un excelente momento para procurarte uno: el sofá de tus sueños, ese que sea, más que un sofá, un amigo. Fijate qué mullido, que equilibrado y qué contundente es el sofá de Tecnoluz que aparece en la imagen de arriba.

Ponete en tus zapatos

La patria es un papel y la patria es un par de zapatos. La ropa que uses también te puede ayudar a remedar la nostalgia. Por empezar, no cambies tu guardarropas de la noche a la mañana porque estás lejos. Mantené tus básicos de siempre y mantené el calzado que te condujo hasta allí a tu lado, mejor dicho, a tus pies.

Y no desesperes si la dulce nostalgia llega amarga cuando se termine la yerba, cuando desconozcas los rostros, los gestos, o escaseen los abrazos. Disfrutá tu viaje, disfrutá la tierra que fueres, pensá que, desde el big bang, el movimiento es vida.

¿Lo logramos? Contanos qué te da nostalgia y tus trucos para exorcisarla.

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